http://www.cofradiasdehuescar.org

El Consiliario ante la Semana Santa 2010: «No perdamos la fe cuando el Señor fecunde nuestra vida con el dolor»
Documentos
Lunes, 29 de Marzo de 2010 20:07

Antonio FajardoQueridos hermanos:

Como vuestro párroco, un año más, os dirijo unas palabras para exhortaros a vivir la Semana Santa con verdadero espíritu cristiano.  Para esto es necesario que seamos cristianos todo el año; porque la fe como la amistad no se improvisa. Cristo, durante todo el año, es nuestro Dios, durante todo el año debe ser nuestro amigo, nuestro compañero…

Hace unos días leía lo siguiente: Quisiera poder hacer algo para lograr que otros muchos hombres crean en Él, (Dios), lo conozcan, lo amen y gocen la inefable alegría de saberse sus hijos muy amados. La humanidad es desgraciada sólo en la medida en que no tiene a Cristo, incluidos aun aquellos hombres más poderosos y ricos de la tierra. Yo como sacerdote y párroco quisiera lo mismo: lograr que todo Huéscar conozca a Dios y lo ame y viva en el Hogar de la Iglesia Católica. Rezo diariamente para que los niños vean en sus padres ejemplos de verdaderos cristianos. Rezo por los jóvenes, para que las dudas normales de la adolescencia no se conviertan en razones para no creer. Rezo por los esposos, para que vivan su matrimonio como una vocación a la vida y al amor. Rezo por los ancianos, para que den ejemplo de fe viva a los jóvenes. En definitiva, rezo por todos y cada uno de vosotros, por vuestras personas y vuestras necesidades.

Este año quiero dirigirme de manera muy especial a los que sufrís por cualquier causa o razón: enfermedades propias o de seres queridos, muerte de alguna persona cercana y muy amada, falta de trabajo, malos tratos, incomprensiones, críticas y vacíos sociales, o un larguísimo etcétera que sólo Dios sabe; pido al Señor para que sepamos cargar con la cruz y todo lo ofrezcamos por la salvación del mundo; y para que os sintáis amados por Él que, muriendo por nuestros pecados, nos mostró hasta dónde nos quería. Jesús nos enseña con su muerte, mis queridos hermanos, que, en esos momentos de sufrimiento, cuando el río del dolor amenaza con romper el dique de nuestra esperanza, tenemos que alzar la vista y mirar la luz que irradia desde su Cruz. La luz que vio San Dimas, el “Buen Ladrón”. Aquél hombre cuya vida había sido un desastre hasta el punto de ser condenado a la pena de muerte. Qué paradoja, morir crucificado aquel viernes significó para él su salvación. Si no lo hubieran condenado a muerte en cruz no se hubiera encontrado con el Señor. Lo que humanamente era la mayor desgracia se convirtió para él en la oportunidad de su vida. En medio del sufrimiento, del escarnio de la cruz, en su agonía, en el momento postrero de su fracasada existencia, gritó con infinita fe y confianza: “Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu reino”, y Jesús le respondió de inmediato: “Te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Era el momento que Dios había esperado para poder salvarlo. Dios no escribe con renglones torcidos, no. Nosotros torcemos los renglones y Él espera con paciencia infinita la ocasión para poder enderezarlos.

¿Qué lección podemos aprender de este episodio? A no desesperar. En ninguna circunstancia, por dura y angustiosa que sea o por insoportable que nos parezca. Nuestra vida, como la de Cristo, va a tener momentos de pasión y muerte, pero Jesús tiene poder, aún crucificado, “fracasado” a los ojos humanos, para hacernos felices en la vida presente y otorgarnos el Cielo después de la muerte.

No perdamos la fe cuando el Señor fecunde nuestra vida con el dolor. Recibamos las “pruebas” con serenidad, sabiendo que todo conduce al bien de los que le aman. Para ello, para afrontar la vida con serenidad, mejor dicho, santamente, necesitamos raíces profundas y bien arraigadas en Cristo. Profundidad significa cultivar la vida espiritual, fomentar la vida de oración, alimentarnos frecuentemente del sacramento de la confesión y diariamente de la Eucaristía. Arraigo en Jesucristo quiere decir tenerlo como criterio y modelo en nuestro proceder cotidiano.
Pero hermanos, no nos engañemos, necesitamos ser humildes. En una ocasión San Antonio Abad vio todo el camino de su vida en la soledad del desierto, era un camino poblado de tentaciones, de trampas, de engaños del Diablo, y le preguntó al Señor: ¿Cómo podré pasar por la vida sin caer en alguna de las trampas? y el Señor le respondió: Con HUMILDAD

Al final del camino siempre triunfa el bien, pero necesitamos ser humildes para esperar; esperar en oración como la Virgen María después de la tarde del Viernes Santo. Si sabemos esperar veremos que a la muerte le sucede la resurrección.

Que Dios os bendiga a todos.

Vuestro Párroco, Antonio Fajardo Ruiz

 
Banner
Cartel SS 2011
Banner
Cartel SS 2010