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La Iglesia, entre dos aguas
Documentos
Jueves, 15 de Abril de 2010 23:46

Ha sido la Semana Santa más dura de Benedicto XVI desde que en 2005 tomara el relevo de Juan Pablo II al frente de la Cátedra de San Pedro. Como un rosario sincronizado, durante la Cuaresma, se han ido revelando los casos de pederastia cometidos por sacerdotes católicos en todo el mundo. Muchos de ellos ya públicos en su momento, otros prescritos y otros investigados al efecto por asociaciones que han viajado buscando pruebas acusatorias contra la Iglesia Católica. El Viernes Santo había unanimidad mediática en todo el mundo, sobre los crímenes cometidos por los indignos hijos de la Iglesia apuntando incluso al Papa como responsable por dejación de funciones en sus ministerios anteriores.  Son días en que las redacciones están vacías o simplemente no hay ediciones impresas, pero cuando las procesiones inundan media España y se celebran los misterios nucleares de la fe en todo el mundo católico, es cuando las noticias sobre una supuesta corrupción moral e institucional de la Iglesia se hacen más efectivas.

A este Papa, que no tiene nada de mediático pero que cuenta con un vigor intelectual al que se rinden sus más enconados adversarios, le ha tocado ser el blanco de las iras del mundo secularizado, que tratan de presentar a la Iglesia como una comunidad hipócrita por las abyecciones cometidas por una ínfima minoría de sus hijos sacerdotes. Y precisamente esa intuición del Papa Ratzinger, le llevó desde antes incluso de tomar posesión de su cargo a ver la suciedad (sic) en algunos sectores de la Iglesia (No se entiende bien esta frase). Las palabras de compunción, penitencia, dolor y amor dirigidas a los católicos de Irlanda son una muestra evidente de que Benedicto XVI sabía de la cruz que cargaba apuntando directamente al problema con una apelación nada coyuntural a la justicia humana, la invocación propia de su ministerio a la justicia divina y unos gestos llenos de caridad como padre y pastor.

La intencionalidad de la mayoría de las noticas ha ido más allá de la mera y lógica información debida a la opinión pública. Y por eso se prodigan en medios de comunicación enemigos declarados de la Iglesia, siendo el material más adecuado para apuntalar a los grupos ideológicos que luchan por el cambio cultural y filosófico de nuestros días. La sola supervivencia de la Iglesia como institución milenaria, después de su escándalo público permanente, es algo intolerable; curiosamente para los que proclaman la emancipación moral y la ausencia absoluta de fundamento ético objetivo en el siglo XXI.

Pero si en la Iglesia hay suciedad como anunció el Papa, mucho antes que lo diera el New York Times como exclusiva ¿dónde está la clave de la supervivencia de esa supuesta institución corrompida y corruptora? En que lleva 2000 años haciendo el bien. Porque la Iglesia Católica, formadas por hombres débiles y pecadores, lleva en su misión fundacional la misma garantía de su perdurabilidad y que no es otra que predicar un mundo nuevo que Jesús de Nazaret ha anunciado para todos los hombres. Como lo hicieron los primeros apóstoles levantando el asombro entre los romanos: mirad como se aman, como lo atestiguaron los religiosos al crear los hospitales, como lo siguieron los monjes matemáticos y físicos, como se fundaron las universidades, como se creó el románico y el gótico, como lo hizo León XIII adelantándose décadas a los derechos sociales, o como lo ha hecho Teresa de Calcuta antes las cámaras del mundo entero. ¿Quién puede decir que la Iglesia no sea pecadora? nadie. Pero tampoco nadie puede negar que el mundo le deba a la Iglesia lo mejor de su desarrollo.

Unos sacerdotes han pecado contra la sociedad y contra Dios; y deberán pagar por ello. La Iglesia es mucho más que eso y los católicos nos sentimos agradecidos por ella.

Gonzalo Moreno Muñoz

 
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