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Carta de despedida del P. Antonio Fajardo
Documentos
Miércoles, 24 de Agosto de 2011 22:26

A CONTINUACIÓN PÚBLICAMOS ÍNTEGRAMENTE LA DESPEDIDA DEL P. ANTONIO FAJARDO RUIZ COMO PÁRROCO DE HUÉSCAR. CESA IGUALMENTE EN SUS FUNCIONES COMO CONSILIARIO DE LA FEDERACIÓN DE HERMANDADES Y COFRADÍAS DE HUÉSCAR. DESDE LA FEDERACIÓN LE AGRADECEMOS SU MAGISTERIO Y ORIENTACIÓN DURANTE LOS ÚLTIMOS OCHO AÑOS Y ORAMOS PORQUE SU NUEVO DESTINO BRILLE POR RENOVADOS FRUTOS EVANGÉLICOS.

 

Huéscar, 28 de agosto, día de San Agustín, del Año del Señor, 2011

Queridos feligreses y personas de buena voluntad que leéis estas letras:

Esta es mi última carta al Pueblo de Dios en Huéscar. El pasado día 26 de junio, al finalizar la procesión del Corpus, os hice participes de mi traslado de la parroquia de Santa María a la parroquia de San Miguel de Guadix. Este ha sido uno de los muchos cambios que el Sr. Obispo ha tenido a bien realizar en la Diócesis. Entonces os dije que todavía quedaba el verano para estar juntos y que, por tanto, no era tiempo de despedidas; pero ya le quedan pocos días al mes de agosto y, si Dios quiere, el 11 de septiembre, domingo, a las 12 de la mañana, tomará posesión de la Parroquia su nuevo Párroco, don Juan José Toral Fernández, y ya sí toca, queridos hermanos, decirnos adiós.

 

 

He estado en esta Parroquia ocho años. Vuelvo la mirada atrás y doy gracias a Dios porque todo lo que he vivido me ha hecho madurar como hombre y como sacerdote. No es cuestión de hacer un elenco de lo que ha sido este tiempo entre vosotros, sólo os digo que he querido ser el Párroco que Huéscar necesitaba para guiaros hasta Dios, para vivir con gozo la pertenencia a la Iglesia Católica. Mi preocupación constante ha sido que la Parroquia fuera el hogar donde todos nos sintiéramos en la casa del Padre viviendo como hermanos, más allá, como siempre he dicho, de legítimas diferencias.

He procurado ser sacerdote y nada más que sacerdote. No he huido de los problemas, los he afrontado con responsabilidad y con caridad pastoral. Anunciar el Evangelio con la palabra desde el púlpito y anunciar el evangelio con mi vida, que en lo privado ha estado centrada en el cuidado de mis padres, ancianos y muy enfermos, ha sido mi preocupación constante. Pero no soy perfecto, soy pecador como todo hombre y seguro que, en alguna ocasión, no he tenido la palabra acertada o el gesto adecuado con todos los que a mí se han acercado. A los que haya podido defraudar, molestar u ofender, a los que no han visto en mí la imagen nítida del Pastor, les pido, con sinceridad y con humildad, perdón. Sé que algunas personas no han entendido o aceptado mi trabajo pastoral. Nunca he hecho mal a sabiendas de que lo hacía, si he actuado alguna vez incorrectamente habrá sido por ignorancia, nunca de manera voluntaria y consciente. En esto tengo la conciencia limpia.

A los que me habéis mostrado afecto y cariño, sobre todo en circunstancias difíciles, gracias infinitas. A tantas personas como habéis firmado para que no me fuera os doy con todas mis fuerzas también las gracias. Gracias es la única palabra que lo expresa todo y es lo que quiero que suene en estos momentos en vuestros oídos, pero sobre todo en vuestro corazón. Gracias por todo lo compartido en estos ocho años, por todo lo que he aprendido en el encuentro con cada uno de vosotros; gracias porque muchos, en momentos dolorosos, habéis sido el rostro misericordioso de Dios en mi vida. Doy gracias al Señor por cada uno de vosotros. Poniendo en mis labios cada uno de vuestros nombres, pido a Jesús que os bendiga a todos y que lo sintáis muy cerca en la Eucaristía, que no os alejéis de Él.

Termino con dos peticiones. La primera que acojáis al nuevo párroco como en verdad viene, enviado por el Señor; queredlo y respetadlo, las dos cosas son fundamentales para llevar adelante la misión pastoral. Es un gran sacerdote, muy preparado intelectualmente y con mucho celo apostólico; le acredita la magnífica labor llevada a cabo en la parroquia de Santiago de Baza y los altos cargos que ocupa en el gobierno de la Diócesis, como los de Vicario Judicial y Vicario Episcopal de la Zona Norte. El Sr. Obispo ha pensado muy bien en la persona que enviaba a Huéscar. Y la segunda, que recéis por mí. Cada día, en la oración ante el Santísimo, pedid al Señor y a la Santísima Virgen por este cura que se va, pero que lleva a Huéscar en el corazón.

Os abrazo y bendigo, mis queridos hermanos, con todo afecto. Antonio Fajardo Ruiz.

 
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